Lo que nació como un amor «imposible» por la distancia y la inexistente búsqueda de compromiso de sus individuos, pronto se convertiría en un amor liviano, que fue creciendo con esfuerzo y sin dificultad. 9 años más tarde, nos plantamos frente al altar a prometernos amor eterno, y no podemos imaginar un día tan especial que no sea compartido con las personas que nos han traído hasta aquí.